El brindis del apagón: cuando el respiro cabe en un trago de cerveza
Cada vez más mujeres en Cuba rompen el tabú de beber una cerveza en un parque a plena luz del día. No es fiesta: es agotamiento.
Forma parte del proyecto La Doble Carga en Cuba
Antes era discreto, casi a escondidas. Ahora es cotidiano.
Dos vecinas se sientan en el parque del barrio a las siete de la noche porque no hay corriente. Cada una con una lata de cerveza en la mano. Hablan bajito, se ríen. Intentan, por un rato, no pensar en qué van a cocinar mañana.
No es alcoholismo en sentido clínico. Es un aliciente. Una pausa.
En los últimos meses, en ActivaShe hemos escuchado la misma frase en distintas provincias: «estoy asfixiada». La dicen madres con niños pequeños que no duermen por el calor, hijas que cuidan a una madre encamada de 80 años sin medicamentos, mujeres que hacen malabares con 2.000 pesos para comer.
La crisis cubana hoy no es solo desabastecimiento y hambre. Son apagones de 28 horas y más, sin tregua. Es una crisis de sostén emocional. Y son las mujeres quienes siguen sosteniéndolo todo.
Cuando el tabú deja de importar
Beber en público, fumar a diario, sentarse en la acera con una botella, eran conductas sancionadas para una «buena madre», para una «buena mujer». El mandato era aguantar, ser recatada, ser fuerte.
Hoy ese mandato se resquebraja. No por liberación, sino por agotamiento extremo.
«Ahora a la gente le importa menos todo», nos decía una mujer en un audio.
Y es cierto. Cuando la precariedad es tan profunda —la material y también la humana, la de ver cómo se pierden los valores mínimos de convivencia— el juicio social pesa menos que la necesidad de respirar.
Vemos a mujeres que antes fumaban solo en una fiesta y ahora fuman todos los días. Mujeres que jamás hubieran bebido solas y ahora comparten una Cristal caliente en el portal para poder conversar sin que los niños las interrumpan.
No quieren emborracharse. Necesitan un espacio propio, aunque sea de una hora, aunque esté mediado por una sustancia.
No es el problema, es la señal
Hay que decirlo claro: este texto no es para criminalizar a esas mujeres. Ni para señalarlas como malas madres o malas cuidadoras. Todo lo contrario.
El consumo social y cotidiano de alcohol o tabaco, en este contexto, es una estrategia de afrontamiento. Poco saludable, sí, pero comprensible frente a una sobrecarga sin red de apoyo, sin acceso a salud mental, sin descanso.
El problema no es la cerveza en el parque. El problema es que ese parque sea el único lugar donde una madre puede tener 30 minutos de silencio porque en su casa hay 35 grados y oscuridad total desde hace más de un día.
El problema es que no hay consultas de psicología accesibles, no hay círculos infantiles, no hay respiro para quien cuida. El Estado delegó el cuidado en la familia, y la familia lo delegó en las mujeres.
Y cuando una mujer que lleva 72 horas sin dormir bien porque su hijo llora de hambre y de calor se toma una cerveza, no está buscando fiesta. Está buscando anestesiar, por un rato, la impotencia.
Lo que necesitamos preguntarnos
Desde una mirada feminista, la pregunta no es por qué beben. Es:
- ¿Dónde están los espacios de cuidado para las cuidadoras?
- ¿Qué alternativas de descarga emocional tenemos que no pasen por el consumo?
- ¿Cómo hablamos de esto sin reproducir el estigma de «la mujer borracha»?
No se trata de promover el alcohol. No resuelve el hambre, no trae la corriente, no mejora la salud. A la larga, suma un problema más a cuerpos ya muy exigidos. Si sientes que el consumo se te está yendo de las manos, que lo necesitas para funcionar, es importante que puedas hablarlo con personal de salud.
Se trata de entender que si cada vez más mujeres necesitan ese pequeño aliciente para seguir, es porque el nivel de asfixia es ya insoportable.
Y el primer paso para acompañarlas no es el regaño. Es preguntarles: ¿qué necesitas para descansar? ¿Quién te cuida a ti?
💛 Si este texto te tocó, no estás sola
Hablar de cómo estamos afrontando el agotamiento no es debilidad. Si sientes que el consumo se te está yendo de las manos, que lo necesitas para poder seguir, o que simplemente estás asfixiada y necesitas ser escuchada, hay espacios que pueden acompañarte.
Desde ActivaShe: servicio de escucha y acompañamiento psicosocial feminista. Escucha confidencial, sin juicios, con enfoque de cuidados. Escríbenos por privado a nuestras redes o al WhatsApp +34 662319921. No estás sola para sostener lo que te toca sostener.
Pequeños respiros que no pasan por el consumo y pueden ayudar:
- Acordar con otra vecina o madre 30 minutos de relevo mutuo para dormir o bañarte con calma.
- Un grupo de WhatsApp solo para desahogarse sin consejos, solo escucha.
- Caminar juntas al parque, aunque sea sin nada en las manos. El espacio propio también puede ser sobrio.
El problema no eres tú. Es la sobrecarga que te han dejado sola cargando. Cuidar a quien cuida también es una forma de transformar.
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